Oportunidades derivadas de la implementación del Plan de Industria – Euskadi 2030

Irati Oleaga

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PÚBLICO

En un contexto europeo marcado por una pérdida relativa de competitividad industrial y tecnológica frente a otras grandes potencias económicas, especialmente Estados Unidos y China, Europa corre el riesgo de quedar desplazada del liderazgo industrial y del tablero tecnológico global.

Esta situación es consecuencia de varios factores concurrentes: la fragmentación del mercado interior, un menor dinamismo inversor en innovación, la dependencia de terceros países en sectores estratégicos y el impacto acumulado de crisis recientes de naturaleza sanitaria, energética y geopolítica. Este escenario configura un punto de inflexión para la política industrial europea y abre una ventana de oportunidad para aquellos territorios capaces de alinear su tejido industrial con la nueva agenda estratégica.

El diagnóstico formulado a nivel europeo por los Informes Letta y Draghi coincide en señalar un deterioro estructural de la competitividad europea. El informe Letta advierte de las limitaciones del mercado único para generar escala industrial suficiente y propone una mayor integración en ámbitos clave como el conocimiento, la innovación y la financiación. Por su parte, el informe Draghi identifica tres grandes debilidades del modelo europeo: el estancamiento del crecimiento de la productividad, la insuficiente inversión en I+D+i y la creciente dependencia exterior en energía, materias primas críticas y tecnologías estratégicas.

A este contexto se suma una transformación profunda del escenario geopolítico y comercial internacional, marcada por el retorno de políticas industriales activas y en algunos casos, abiertamente proteccionistas. Estados Unidos ha desplegado una estrategia industrial de gran escala mediante instrumentos como la Inflation Reduction Act y el CHIPS and Science Act, orientados a atraer inversión, relocalizar capacidades productivas y asegurar el liderazgo tecnológico. China, por su parte, ha consolidado su posición como potencia industrial global a través de una planificación estratégica sostenida, avanzando rápidamente en ámbitos como la inteligencia artificial, la movilidad eléctrica y las energías renovables.

En este escenario, la autonomía estratégica europea ha dejado de ser un objetivo político abstracto para convertirse en una necesidad geopolítica y económica urgente. Europa debe reforzar su capacidad para garantizar el suministro de bienes esenciales, proteger sus infraestructuras críticas y mantener el control sobre tecnologías clave, especialmente en las cadenas de suministro energéticas, tecnológicas e industriales.

Como respuesta, la Unión Europea ha impulsado una reactivación de la política industrial mediante una nueva arquitectura estratégica. Destacan la Brújula de la Competitividad, que articula la acción europea en torno a los ejes de innovación, descarbonización y seguridad económica; el Pacto Verde Europeo y el Pacto Industrial Limpio, que integran la transición climática como motor de competitividad industrial; y el refuerzo de instrumentos como los IPCEI, que permiten financiar proyectos industriales estratégicos más allá de los límites tradicionales de las ayudas de Estado. Asimismo, se subraya el impulso a la simplificación normativa y a la reducción de cargas administrativas como condición necesaria para acelerar la inversión industrial.

En este marco, el Plan de Industria – Euskadi 2030 se configura como el principal instrumento estratégico del Gobierno Vasco para orientar la política industrial durante el próximo quinquenio.

El Plan articula su intervención en torno a tres ejes estratégicos —Más Industria, Mejor Industria y Menos Emisiones— complementados por un eje transversal de simplificación administrativa. Estos ejes se concretan en quince prioridades estratégicas alineadas con los objetivos europeos de autonomía estratégica, liderazgo tecnológico y neutralidad climática, permitiendo estructurar la actuación pública de forma sistemática y evaluable.

Uno de los elementos conceptuales más relevantes del Plan es la definición de los sectores estratégicos, clasificando los sectores industriales en tres categorías- IRABAZI, HAZI Y JAUZI- siguiendo un enfoque riguroso y basado en datos objetivos.

La operacionalización del Plan se realiza fundamentalmente a través de los Proyectos Transformadores, concebidos como el principal instrumento de ejecución de la estrategia industrial. Se trata de iniciativas de alto impacto, con una vocación transversal y basadas en la colaboración público-privada, consolidando un principio de co-creación proactiva imprescindible para desarrollar soluciones innovadoras.

En materia presupuestaria, el Plan establece un marco financiero integrado, basado en la coordinación de recursos públicos y la movilización de inversión privada, destacando la Alianza Financiera Vasca como mecanismo clave de apoyo a proyectos industriales estratégicos. El nuevo Plan de Industria- Euskadi 2030, traccionará 3.900 millones para desarrollo productivo, provenientes del Dpto. Industria, Transición Energética y Sostenibilidad, de la Alianza Financiera Vasca y de otros Dptos. del Gobierno Vasco.

Finalmente, el Plan define un modelo de gobernanza, evaluación y adaptación estratégica apoyado en sistemas de indicadores y estructuras de seguimiento, basado en los principios de buena administración, transparencia y rendición de cuentas.

En conjunto, el Plan de Industria – Euskadi 2030 aprovecha la coyuntura europea como una oportunidad estratégica para posicionar el tejido empresarial como un actor imprescindible en la nueva política industrial europea, consolidando una industria más fuerte, innovadora, sostenible y competitiva en el horizonte 2030.